martes, 21 de agosto de 2018

AVENTURA EN LA SELVA BOLIVIANA: Pilón Lajas y Pampas



Cuenta la historia que a una hora río arriba de Rurrenabaque se encuentra la comunidad de San Miguel, a orillas del río Beni y rodeada de la más pura vegetación selvática. Pero como pasa en muchas comunidades, algunos hogares se encuentran más alejados del núcleo, con la diferencia que en éste caso quedaban al otro lado del río. Por ello los niños tenían que cruzarlo cada día para ir a la escuela hasta que un día de fuertes corrientes la balsa se tumbó y los pequeños cayeron al río intentando nadar a contracorriente para salvar sus vidas. Las mamás gritaban angustiadas desde la orilla pidiendo ayuda a un pescador para que salvara a sus hijitos y por suerte, así fue. Aquel pescador salvó uno a uno todos los chiquitos que estaban en el agua esperando un milagro como ese. Pero a pesar de éste final feliz, los niños ya no querían ir mas a la escuela pues el miedo a que se repitiera tal situación los tenía bien angustiados. Por ese motivo las familias de aquel lado del río pelearon mucho para que el gobierno mandara a algún profesor a esa zona y así evitar cruzar el río a diario. finalmente llegó una profesora, hoy día casi jubilada, que se quedó a vivir en ese lado y no sólo se construyó una pequeña escuela sino que desde ese día se constituyeron como comunidad propia, llamada Real Beni.

Y justo allí fuimos a parar para iniciar la gran aventura de cuatro días de pura selva Amazónica, acompañados por nuestro experimentado guía Valdemar y su esposa Suly, que no paraba de sorprendernos con deliciosas recetas innovadoras.

Por fin habíamos conseguido esa experiencia en la jungla que andábamos buscado desde bien atrás pero que por dificultades logísticas o poca garantía de cumplir expectativas habíamos ido dejando pasar. No pudo ser en el sur de Colombia, y aunque en Ecuador pudimos hacer una pequeña degustación, tampoco nos adentrarnos demasiado, en Perú nos quedaba al otro extremo y por sus grandes distancias lo dejamos pasar... Así que Bolivia era nuestra última oportunidad y además teníamos buenas referencias por lo que hicimos un "all in" y que la suerte nos respondiera o no con lo que buscábamos.



El primer día pudimos entender la parte más comunitaria de la selva, conociendo en Real Beni cómo es la vida de la gente que vive allí. Lo cierto es que nos pareció bastante envidiable por la calma que se respira en un lugar tan verde y relajado, bien lejos del ruido y la contaminación de aquello que se llama "civilización" pero lo suficientemente cerca como para abastecerse de las pocas cosas que no les proporciona el entorno.  La tierra les brinda principalmente maíz, gran cantidad de piñas, papayas y plátanos, y frijoles que siembran en la playita que se forma en la orilla del río. Respeto a la fuente de proteínas la obtienen de los pollos que corretean libremente por los alrededores de su casa, pero sobretodo de los enormes pescados que sacan del río en cuestión de unos pocos minutos. Además la pachamama también les ofrece algodón y numerosas semillas.




Ese día fuimos testigos de su eficacia en la pesca de red, de las increíbles vistas de los parques naturales Madidi y Pilón Lajas, uno a cada extremo del río, y de las muchas historietas que nos contó Cupertina mientras preparábamos un delicioso sudado de pescado gato recién sacado del agua.



Después de conocer la comunidad y de explorar sus alrededores empezó la aventura verdadera. Cargar las mochilas con comida, esterilla, saco y mosquitera para adentrarnos en el corazón de la selva en busca de animales curiosos, árboles milenarios y plantas medicinales, caminando entre riachuelos, suelos acolchados por hojas húmedas, raíces y semillas coloreadas. Serían tres días más de exploración agudizando nuestros sentidos para aprender de todo lo que nos podía regalar la naturaleza en su forma mas salvaje.

Eran constantes los conocimientos que íbamos absorbiendo a cada paso, porque detrás de cada planta, animal, olor o situación había al menos una explicación interesante que Valdemar nos iba contando.Algunos conocimientos más generales como técnicas de orientación mediante el sol, las estrellas, la  dirección del río o la inclinación de los árboles. Estrategias de supervivencia recolectando los alimentos que ofrece la misma selva, desde cómo pescar sin red ni caña, sólo a base de trampas por rocas, hasta cómo encontrar larvas o frutas extrañas.

También conocimos los misterios que pueden esconder los árboles en su interior. El "boroche", por ejemplo, puede desarrollar una" barriga" para almacenar agua, igual que la liana "uña de gato", y también golpeando su tronco podemos pedir ayuda en caso de emergencia. También aprendimos que  el veneno del "Curare" puede servirnos para cazar peces en agua estancada como pequeñas lagunas, ya que la substancia de su interior desoxigena el agua y los peces mueren a la superficie. También el "Copaibo" esconde en su interior una buena cantidad de aceite que servía de combustible para que los nativos se alumbraran. Y el magnífico "Sangre de Toro" esconde bajo su corteza un ungüento muy pertinente para aliviar el escozor de las picaduras, y podemos afirmar que sus efectos son realmente eficaces. Cuatro grandes árboles con usos muy diversos, aunque también conocimos otras plantas y raíces interesantes para otros tratamientos.




 Aprendimos que del mismo modo que un 70% aprox. de los animales de la selva son hormigas y termitas, un porcentaje similar de lo que respecta a los vegetales son lianas, y se distinguen tres tipos principales: Por un lado están las epífitas que son esas que cuelgan al lado del árbol paralelas a él, diríamos que son las que le sirven a Tarzán para colgarse de un lado a otro, pero que respecto al árbol no tiene ningún efecto, es decir que no le aporta nada, ni bueno ni malo. Después están las que tienen una relación bien bonita con el árbol estableciendo una simbiosis beneficiosa para ambos. El árbol le da cuerpo para que suba y busque luz, mientras la liana le aporta la humedad que le puede faltar. Por último encontramos a los parásitos que como su nombre da a entender se pegan al árbol para absorber todos sus nutrientes hasta que lo mata, lo seca, se pudre y desaparece, convirtiéndose la misma liana en un gran árbol que no sólo ocupa el lugar del antiguo, sino que sigue estrangulando a otros mientras hace su propia fotosíntesis,  y de ese modo se pueden convertir en enormes y mágicos árboles milenarios.



Árboles que no dejan indiferente a nadie pues su grandeza invita a rodearlos admirando su enorme tronco, acariciando su fina corteza,  resiguiendo con la vista su altura desde lo alto de la copa hasta sus extendidas raíces que invitan a sentarse en ellas y observarlo desde su misma base. Es fácil captar su energía cuando se está cerca, incluso entender porque tantos hongos e insectos viven en sus paredes pues lo cierto es que transmiten protección y cobijo. Y todavía impresiona más cuando pensamos en todo lo que ha vivido... Que sea un árbol milenario significa que ha sobrevivido a guerras mundiales y todo tipo de fenómenos naturales, significa que está plantado en el mismo lugar desde antes de la llegada de los colones, ¡incluso antes del Imperio Inca! Si estos seres vivos pudieran hablar... Quizás podríamos saber mucho más acerca de nuestra historia y del porque las cosas de hoy son como son. Es como si esto que en un principio era una liana parásito hubiese ido creciendo con todo el saber que ha ocurrido a su alrededor hasta convertirse en un enorme árbol sabio y mágico, posiblemente el mejor testigo y guardador de secretos de todos los seres vivos.


Los árboles y las plantas creaban una atmósfera húmeda y frondosa que nos hacía sentir como actor y actriz en una película de aventura, a veces siguiendo un pequeño sendero que el mismo Valdemar había creado, a veces abriendo nuevos caminos para situarnos en lugares más vírgenes. El caso es que la vegetación se encargaba de estimularnos el campo visual, pero gran parte de las sensaciones tenían que ver con el campo auditivo, y de eso se encargaban los animales. De hecho, a menudo parábamos en seco intentando descifrar de dónde y de qué venían los distintos sonidos. Las protagonistas del concierto eran principalmente las distintas aves que nos iban acompañando con una gran variedad de sonidos y melodías desde el momento en que nos despertábamos en la mañana hasta que nos quedábamos dormidos por la noche. De hecho, a pesar de ser los únicos humanos de la zona y de andar mayormente callados, en ningún momento escuchamos el silencio... pues en la selva siempre se va acompañad@.

Y si de día los sonidos eran constantes, en la noche la cosa todavía era más acentuada. Después de colocar nuestras esterillas y mosquiteras en el "campamento" decidimos hacer una pequeña caminata nocturna y adentrarnos en la ruta que acabábamos de crear, para tratar de ver algunos animales nocturnos. Y qué diferente es un mismo lugar cuando el sol desaparece, pues a falta de luz los sentidos se agudizan y las percepciones se centran únicamente en los oídos. El movimiento de alas de algunas aves, de lejos algunas ranas en el río, otros sonidos de insectos como grillos, y a no más de 300m el sonido de uno de los felinos más temidos. Teníamos a un leopardo alternando varios tipos de rugidos que emitía buscando aparearse, y nosotros allí, callados, con las linternas apagadas, tratando de verificar que lo que estaba pasando era cierto. Y así era, pues no había perros el la zona, ¿qué sería si no? El miedo era presente pero a su vez también la emoción de sentir bastante cerca éste tipo de animales que sólo aparecen en las películas o atrapados en zoos.

Estuvo rodeando el campamento a la distancia durante unas horas y luego se marchó. Lo cierto es que no fue fácil bañarse en el río alumbrados por una linterna sabiendo que un depredador corría por los alrededores porque al fin y al cabo los intrusos éramos nosotros y para él no éramos Marta y Ovidi, sino dos pedazos de carne alumbrados en la oscuridad de la noche. Pero a pesar de la creencia popular, los leopardos y los jaguares no tienden a atacar si no se está huyendo o bien distraído.

Por suerte convivimos armónicamente con los animales del Pilón Lajas. Escuchamos a muchos de ellos y tuvimos la suerte de ver a algunos: Sobretodo muchos tipos de hormigas y grandes y abundantes bolones de termitas, pero también peces, extraños gusanos, saltamontes, arañas, coloridas aves cómo papagallos, loros, oropéndulas o trogones. Muchísimas mariposas morfas y polillas, así como larvas de escarabajo y huevos de serpiente. También nos  sorprendió un largo y oscuro felino negro en medio del camino que rápido se escondió sin dejarnos averiguar cual era. Y no podemos obviar el momento en que parados en la oscuridad frente al río descubrimos una alfombra de hongos que brillaban en la oscuridad bajo los árboles con una luminiscencia que se asemejaba a una ciudad en miniatura o un cielo estrellado acostado en las raíces de la orilla.

No podemos pedir más de lo que esperábamos vivir durante esos cuatro días. Largas caminatas descubriendo el poder de la naturaleza conviviendo con ella. Caminando bajo sus altos árboles, tan frondosos que apenas dejaban ver el cielo, protegiéndonos del fuerte calor del sol. Durmiendo en la cama acolchada que se formaba con la cantidad de hojas que caen y se mezclan en el suelo. Cocinando con el fuego a leña de los troncos que se encuentran en el suelo y bebiendo y bañándonos con el agua pura que corre por los arroyos que íbamos cruzando bien a menudo.



Pero sobretodo, nos vamos contentos de haber topado con uno de los mejores guías de Rurrenabaque, quien nos ha acompañado para mostrarnos las rutas que ya estipularon sus abuelos para cuando había necesidad, y que a día de hoy sigue conservando para poder mostrarnos que todavía hay lugares que no están destruidos por el hombre, aunque la intención del Gobierno desgraciadamente sea otra. Gracias Valdemar por compartir tu sabiduría, tu experiencia y también por hacernos reír con tantas anécdotas!




LAS PAMPAS



Después de cuatro días de selva quisimos acabar de exprimir la zona norte del país para conocer otros animales, pero esta vez desde el agua. Cambiamos el cargar la mochila en la espalda y caminar seis horas al día por ir descansando en bote, sentarnos con la comida hecha  y la mesa puesta y dormir en una cama doble y baño privado. Pero no por ello la experiencia fue menos interesante, en realidad se agradece un poco de confort de vez en cuando, y sobretodo si donde estamos hospedados es rodeados de naturaleza y justo enfrente del río.

En Las Pampas ya no había árboles milenarios pero había muchísimos animales que vivían a orillas del río Yacuma. Sólo con subir al bote ya nos recibieron los primeros Aligatores o cómo ellos  los llaman, los lagartos. Quizás podrían parecer lagartos cuando son pequeños porque después se convierten en enormes reptiles poco cariñosos. Su apariencia es parecida a la de los caimanes pero su piel, en cambio, está rallada con líneas amarillas. Y a pesar de su gran tamaño cuando son adultos, todavía hay depredadores mayores que pueden acabar con ellos y que se encuentran también en el Yacuma.



Hablamos de los caimanes, más oscuros y uniformes, normalmente bastante más grandes ya que se han visto ¡de hasta siete metros! Su cola es más fuerte y ágil pues con ella golpean fuertemente a sus presas.



Ambos animales se pueden encontrar con mucha abundancia tomando el sol tranquilamente en las orillas del río, muchas veces inmóviles y con la boca abierta para captar oxígeno que les permitirá estar hasta 90 días bajo el agua, y otras veces nadando por el río dejando en la superficie solamente sus ojos y parte del morro, que fácilmente se puede confundir con un tronco flotante. A pesar de su actitud perezosa durante  el día, ambas especies transmiten mucho respeto por sus grandes bocas repletas de dientes, sus ojos laterales de miradas fijas y desafiantes, y su enorme cuerpo a menudo bastante superior al humano.



Otro reptil que se deja mostrar a menudo calentando su sangre bajo el sol son las tortugas. Pocas veces se inmutan con algún movimiento pues tienden a estar bien tranquilas, encima de algún tronquito o en la orilla con la cabeza hacia arriba cómo un girasol, buscando captar cada uno de los rayos de luz. Otra cosa que les hace parecer unos animales bien simpáticos, es el hecho de encontrarse siempre acompañadas y recostadas entre ellas, formando divertidas hileras como si un trenecito quisieran formar.



No solamente nos hemos rodeado de reptiles pues bajo las aguas marrones del río también viven muchos peces, para nosotros solamente vistos en las películas: ¡Las pirañas! Había de blancas, amarillas y rojas, y sólo pudimos darnos cuenta que había, cuando lanzamos nuestros anzuelos usando cebo de pura carne de vaca, ¡y cómo picaban...! Pero del mismo modo que ellas comieron esos pedazos de carne roja, ¡nosotros complementamos la cena con unas exquisitas pirañas fritas recién pescadas! Allí nos dimos cuenta de la verdadera riqueza que hay en ese río porque bajo el agua también hay cantidad de animales, a pesar de que el agua chocolatera nos los impiden ver.



Pero el animal que se lleva nuestra mayor admiración y sorpresa es el delfín rosado. Sí, difícil de creer pero así es, ¡hay delfines de agua dulce y encima de color rosa! Se dice que la explicación recae en el hecho de que antiguamente toda la selva estaba debajo del mar y a pesar de que el agua se fue secando poco a poco, quedaron los ríos que mantuvieron estos mamíferos, que se fueron adaptando a la desalinización y a las temperaturas cálidas, por ello perdieron la capa de grasa de color gris que les protegía del frío quedando a la vista ese color rosado. Tal vez el motivo de que existan en aquel lugar no nos quedó muy claro, pero lo que si sabemos es que nos despertaron un gran interés. Era bien lindo verlos salir a respirar en manada mientras intentábamos captar alguna foto que perpetuara ese momento.



Y por si esto fuera poco, hay que decir que no sólo en el agua está la riqueza animal en las Pampas. En las orillas se pueden ver otros animales curiosos como los Capibara, unos herbívoros de movimientos lentos que son parecidos a roedores como ratas, hamsters o esquiroles, pero de gran tamaño de cuerpo, pequeñas orejitas y de culo grande sin cola.



Saltando de rama en rama o trepando por los hilos o tejados de las habitaciones, también frecuentaban los pequeños y amarillentos monos ardilla, tan simpáticos como interesados, esperando rescatar de algún lado algún alimento no controlado.






Por suerte pudimos ver uno de los animales que nos quedó pendiente en nuestra anterior ruta por la selva. El perezoso se dejó ver después de descartar que se tratara de un nido de polillas, pues se encontraba recostado en forma de pelotilla en la rama de un árbol, con la cara protegida del sol bajo una de las pocas sombras que hacían las cuatro hojitas que colgaban.




Y como en todo río, cuando hay abundante pescado abajo, hay hambrientas aves pescadoras encima. Por ello, el cielo también estaba ambientado por águilas, garzas, y muchísimas especies que se dejaban ver sobretodo al anochecer, cuando el sol caía y ellas retornaban a buscar cobijo.


Las Pampas nos ha brindado un increíble espectáculo animal, y a pesar de no haber dado con ninguna anaconda después de caminar por terrenos pantanosos y bajo un sol abrasador durante algunas horas, nos vamos bien satisfechos por haber conocido tanta variedad de animales. También hemos encontrado buena compañía en el grupo para compartir exóticas anaranjadas puestas de sol, y un paseo en bote nocturno para contemplar el paisaje estrellado que teníamos encima, que brillaba con tanta fuerza que quedaba reflejado en el mismo río, justo a nuestro lado.




lunes, 20 de agosto de 2018

LA PAZ: la ciudad más alta de América



A 3640 metros se encontraba la gran capital del Estado Plurinacional de Bolivia, Nuestra Señora de la Paz. Una ciudad que alberga alrededor de 3.000.000 de habitantes, repartidos  todos ellos por las tres ciudades que componen la capital: la Paz, el Alto y Viacha.

Lo cierto es que la entrada a la ciudad fue bastante espectacular, pues pudimos conocerla primero desde arriba, gozando de la sorprendente y nueva red de líneas de teleférico que permiten ir de una punta a la otra en cuestión de minutos (a pesar de que eso haya significado desahuciar a algunas familias...). Nosotros lo agarramos en "el Alto" y cuando ya nos creíamos impactados por las vistas de aquella ciudad tan alta rodeada de grandes montañas, de repente el teleférico empezó a bajar y descubrimos la gran ciudad que se desplegaba a nuestros pies, coloreando con el rojo de los ladrillos las laderas que se perdían en las faldas de aquellos picos nevados encargados de refrescar la ciudad.



Y lo mejor fue bajar en un transbordo y toparnos de frente con dos caras amigas... eran Mónica y Óscar, una pareja de Argentinos con quienes compartimos la bonita caminata hasta Machu Picchu y sobretodo largas e interesantes conversaciones sobre la vida y el amor. Entre 3 millones de habitantes y la suma de quizás cientos de turistas en la Paz, el destino quiso que cuatro personas volvieran a verse en un nuevo país para abrazarse alegremente y también para que pudieran explicarnos cómo movernos y qué no perdernos de aquella inmensa polis.


En ella estuvimos tres días en los que volvimos a recordar ese ajetreo de carros arriba y abajo quemando el claxon para hacerse un hueco dentro del caos. Además conectamos de nuevo con esa  sensación de hostilidad que muchas veces reúnen las capitales... Nos rodeamos de esas miradas que observan fijamente e incomodan, de la caridad, la droga y la prostitución. Sin duda, un buen combo que hacía tiempo que no vivíamos y que todavía se hace más presente cuando el lugar en el que te hospedas reúne una buena parte de estas circunstancias.

Pero detrás de lo malo siempre hay algo bueno. Así que, todo era cuestión de abandonar bien temprano ese contexto y buscar los bellos lugares que la ciudad también ofrece. De esa manera caminamos por las calles más conocidas del centro de la ciudad en las que pudimos contemplar las primeras artesanías que ofrecía el país, y cómo la parte espiritual se hacía más fuerte en éste, pues los puestos de hierbas y remedios caseros, los amuletos y símbolos de las deidades de la Pachamama, y hasta los fetos de llama colgados en las puertas de los locales (usadas como ofrenda a la tierra) se mostraban de forma natural y repetida en varios negocios.


También recorrimos los lugares que ocupan las principales plazas y que reúnen cada día decenas de artistas callejeros. La plaza San Francisco, con su enorme y colorida cruz andina en el centro, nos regaló más de un espectáculo mientras los zapateros encapuchados hacían sus trabajos humildemente un poco más retirados.


Por otro lado, no podíamos dejar perder la oferta cultural que se concentra en las ciudades para empezar a empaparnos del contexto que abraza a esta nueva sociedad, para nosotros todavía por descubrir.

Así que siendo ya los reyes de las ofertas y los precios bajos, aprovechamos un "pack" para ver cuatro pequeños pero interesantes museos. Todos ellos estaban situados en la calle Jaén, una de las más conocidas y visitadas por su arquitectura de la época colonial y también por su actividad ya desde el siglo XVIII cuando era llamada "Qawra cancha" (mercado de llamas) por ser lugar de compra-venta de varios camélidos.


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Iniciamos por el Museo Costumbrista donde a parte de poder valorar el arte prematuro de los niños y niñas Paceños, pudimos conocer el origen de la vestimenta de las "Cholas". Es el nombre que reciben las mujeres indígenas, mayoritariamente de origen Quechua y Aymara. Resulta que las polleras con mancachas, las blusas y chaquetillas, las fajas, las mantas con flecos y los sombreros, que son elementos muy característicos y representativos de las mujeres bolivianas de hoy, no son más que las ropas impuestas durante la colonización para distinguirse entre las clases sociales y por tanto el origen del concepto correspondería a la clasificación de mestizas según el sistema de castas colonial. 



Fue muy sorprendente para nosotros pues ni siquiera sabíamos como se vestían nuestros antepasados, y mucho menos pensar que esos trajes que tanto nos llamaban la atención como distinguidos, y que encima relacionábamos con aquel sector de la población más autóctona, precisamente como un rasgo identificador del lugar, resulta que tenían raíces bien españolas.

Seguidamente fuimos al Museo del Pacífico donde pudimos entender porqué Bolivia se quedó sin mar, y cómo de algún modo sigue abierto el conflicto con Chile, esperando todavía algún pequeño ajuste de cuentas. A veces ser un país rico en minería puede ser tan tentativo para otros que hasta se puede llegar a quedar sin parte del territorio en cuestión. Ésta es una prueba más de todo lo que mueven los intereses acerca de la minería: peleas de territorio entre los países que rodean las zonas mineras, y peleas externas entre países del "primer mundo" para ver quien soborna mejor para beneficiarse de explotarlas.

En cuanto a al tema de minerales, en el Museo del Oro pudimos conocer cómo se hacía en un pasado el proceso tanto de extracción como de procesamiento y de qué manera han ido cambiando las técnicas con los años. También pudimos ver piezas de oro encontradas en la época pre inca, junto a otros objetos arqueológicos como vasijas, complementos, vestimentas o armas, entre otros.

Finalmente entramos en la casa y museo de Pedro Domingo Murillo, Protomártir de la revolución del 16 de Julio de 1809. El líder mestizo fue decapitado por ser el primer revolucionario en impulsar la independencia de la Paz.

Y no podíamos irnos de la capital sin visitar el conocido mercado 16 de Julio que se hace en El Alto los Domingos por la mañana. Seguro que casi cualquier cosa que se uno necesite podrá encontrarla allá. Llantas, ruedas, bujías, retrovisores, respaldos de cabeza, manguitos, alternadores... ¡Se podría montar un concesionario entero con tanto material! Herramientas, aparatos de electrónica, música, telas, ropa de todo tipo, y comida para alimentar a toda la capital, desde almuerzos de sopa y seco, pasando por su querido pollo frito ¡y hasta ceviches! Todo eso extendido en varios kilómetros de puestecitos que aguardaban en la espalda las mejores vistas de la ciudad.





martes, 7 de agosto de 2018

CERRANDO NUESTRO PASO POR PERÚ



El seis de Junio entramos en un país que abarca más de 15 milenios de ocupación. Un país que históricamente deja plasmados vestigios de tales épocas gracias a las sociedades de la conocida como Antigua Perú. Una época en la que aparecieron numerosas etnias que han dejado huella en lo que se conoce como la actual República del Perú, como es el caso de la cultura Huari, Moche, Aimara, Nazca o Inca, entre otros muchos.

Como en todo país de latinoamérica, la colonización significó la introducción de la iglesia católica y de un fuerte mestizaje. Esta fuerte represión no hizo que se perdieran ciertas tradiciones y agrupaciones culturales, aunque sí inició una de las problemáticas que muchos nos han expresado y que actualmente el país está sufriendo. Estamos hablando de la explotación minera, un hecho que se inició fuertemente con la colonización y que actualmente el gobierno utiliza para enriquecerse de manera poco equitativa.



Seguramente, esta riqueza natural que en su día el estado español destapó a la luz, ha sido el condicionante de lo que sucedió después de la República a manos de Bolivar. Una cadena continua de golpes de estado, militarismos, guerras, conflictos armados y dictaduras es lo que ha acompañado a Perú desde 1821 con fuertes crisis económicas, políticas y sociales. Han sido decenas la personas que han intentado hacerse con el control del territorio de manera totalmente antidemocrática y con métodos coercitivos. Aún hasta el 1990, el país se encontraba en una situación de quiebra absoluta, con un gobierno ineficiente para solucionar los problemas internos. No fue hasta la llegada de Alberto Fujimori que cambió el rumbo de Perú. Con su discurso contra los partidos llamados "tradicionales", la proclamación de la Constitución de 1993 (actualmente vigente), la fuerte represión contra el terrorismo y las reformas liberales en economía, plantó el fin de una trayectoria que castigó al pueblo peruano desde hacía ya muchos años.



A raíz de este mandato el país fue mejorando. A pesar de los varios focos de conflicto sociales provenientes de la minería, la corrupción o las delimitaciones territoriales, Perú mejoró en el impulso de programas sociales e infraestructura pública, aunque aún queda mucho por hacer. En medio de esta situación entramos y empezamos a recorrer este país con muchas expectativas.

Cada vez que emprendemos el cierre de un país agarramos un profundo aire y lo exhalamos con sentimientos de nostalgia. Escribir sobre él significa rememorar aquello que te aportó, lo que aprendiste de él, los momentos vividos, las experiencias, las personas que te cruzaste por el camino. Además, te genera consciencia alrededor del tiempo, te das cuenta de cómo pasa, ¿un mes ya? - te preguntas.

Perú empezó de manera bien intensa. El Hogar Santa Rosa, o más bien, las personas que viven en él, fueron las protagonistas de esta experiencia de dos semanas. Un tiempo suficiente en el que establecimos muchos vínculos, vivimos emociones, desde tristes hasta alegres, y volvimos a sentir la sensación de trabajar dentro de nuestro campo: la educación social. Realmente fue una experiencia intensa en tanto que nos implicamos al máximo en la vida de las niñas del hogar e intentamos salir de allí dejando un poco de huella. Y cuando esto lo haces, los resultados que te llevas no pasan desapercibidos. Te calan por las distintas capas de tu piel hasta llegarte en lo más profundo de tus sentimientos y tus recuerdos. De aquí que, de esta primera parte de Perú nos llevamos un bello tesoro expresado en amistades y grandes aprendizajes.



Luego continuamos bajando por la costa, de Piura nos fuimos a Puerto Malabrigo o también conocido como puerto Chicama. En este primer tramo de costa empezamos a sorprendernos, fruto de nuestra ignorancia, por el paisaje desértico. Continuos relieves montañosos y grandes llanuras absolutamente secas eran las protagonistas de esta película enmarcada en una ventana de autobús. Pero ojalá este par de paisajes hubiesen sido los únicos presentes en este film rutinario. Los plásticos también lo eran. A lo largo de la carretera allí estaban presentes, de todas formas, tamaños y colores. Siempre representando la huella humana en el mundo y mostrando la clase de seres que somos. Aquellos que ni tan siquiera se preocupan por agrupar una problemática para tratarla y prefieren botarla en cualquier lugar pensando que algún día desaparecerá y dejará de existir.

Con esta crítica no queremos exculpar a los otros países que posiblemente sean más limpios a nivel visual, pero por otro, producen un impacto mayor en la tierra. Europa podrá tener las calles y las carreteras más limpias, pero al final, ¿quién contamina más? Aquel que bota el plástico en el suelo por no disponer de un sistema de recogida de basura efectivo, junto una falta de consciencia medio ambiental, o un país que con centenares de industrias produce gran cantidad CO2 en el aire y residuos en el subsuelo y el agua.

Con esta reflexión solo queremos expresar la tristeza y rabia que se generaba en nuestra vista al contemplar aquella hilera continua de plásticos que definía el contorno de la carretera, y que además, se hacían presentes en los pueblos cercanos a ella. Quizás no podemos parar este ciclo de sobre explotación de los recursos de nuestra tierra, quizás estamos inmersos en un sistema de consumo dependiente de ellos, pero creemos que por lo mínimo debemos ser capaces de tener una consciencia medioambiental, tanto ciudadanos como gobiernos, de no botar por el suelo este maldito plástico del que tanto nos cuesta desprendernos y crear un sistema mínimo de recogida.

Haciendo un punto y aparte en esta triste vivencia costeña, Puerto Chicama nos hizo olvidar por unos días estos sentimientos. El mar, las largas olas y la tabla de surf fueron quienes consiguieron durante cinco días crear un ambiente agradable y divertido. Después de muchos años volvimos a sentir la sensación de agarrar una ola con la tabla y dejarnos llevar por esta suculenta emoción a base de equilibrio, fuerza, velocidad e inercia. A estos bonitos días, a pesar de haber fracasado en uno de ellos, ya que la "cagamos" y rompimos dos tablas, cabe sumarles los ricos ceviches de la costa. Recordamos el placer sublime con el que esperábamos cada noche aquel manjar fresco y sabroso, era como el regalo del día, el capricho. Siempre nos quedábamos con ganas de más!!! Sin duda, de este pequeño pueblo nos llevamos la buena experiencia del surf pero también el placer de varios días comiendo los mejores ceviches del viaje.



Después de tres semanas en la costa decidimos hacer un giro hacia el interior y cambiar el protagonista de nuestro film paisajístico por la grande cordillera de los andes. Dejábamos la cota cero para dirigirnos al páramo. Allí nos esperaba la cordillera blanca, un conjunto de nevados imponentes con la capacidad de regalarte sensaciones mágicas. Y así lo hicieron, durante una semana estuvieron uniendo sus mejores conjuros a través lagos brillantes, bosques encantados y relieves montañosos impactantes. Un conjunto que, junto la gente autóctona del lugar, no solo vislumbró un gran regalo para nuestras vistas sino que nos brindó una vivencia que superó las expectativas. Por ello, a todos los que nos hemos cruzado por el camino desde entonces, lo hemos recomendado como un imprescindible del departamento de Ancash.



Pero lo especial de adentrarnos hacia los Andes no solo fue rodearnos las maravillas de nuestra Pachamama, sino que, por primera vez en el país, empezamos a interactuar con la riqueza más pura. Aquellas personas que con sus vestidos tradicionales y su singular lengua mantienen las costumbres de sus antepasados y viven en un entorno un tanto alejado de la globalización. En esta primera etapa andina pudimos hacer una pequeña degustación de lo que nos esperaría a lo largo de la cordillera, comunidades que, a pesar de las largas distancias que las separan y sus diferentes vestimentas o dialectos, comparten un mismo patrón: gente humilde y noble con grandes habilidades en el conreo la ganadería y sobretodo las artesanías.



Pero antes de continuar descubriendo este tesoro cultural nos regresamos a la costa. No podíamos dejar de lado el ojo del huracán, el oasis dentro del desierto, el único lugar donde la vida puede crecer. Conocido como Huacachina, era él sitio elegido por el segundo desierto más grande del mundo para establecer su edén. Y a tan solo 74 quilómetros estaba la otra maravilla del departamento de Ica, las Islas Ballestas. La cuna de gran diversidad de fauna que cada día se resguarda en las rocas que sobresalen del interior del mar para dar lugar a este nido inmenso de aves y animales acuáticos y terrestres como los pingüinos o leones marinos. Con este par de destinos nos despedimos de la zona costera y del pacífico hasta un largo tiempo, de reojo los miramos para volver al interior y dirigirnos al departamento de Arequipa. Allí se encontraba un personaje digo de conocer y admirar, famoso en todo el mundo y que cada día atrae a miles de seguidores.



El Cañon del Colca era el lugar perfecto para que el Cóndor pudiese mostrarse por la larga pasarela de aire mientras sus fans le fotografiaban. Por suerte, aquel día quiso exhibirse y ensenyar el traje de gala negro con pajarita blanca al tiempo que hacía alago de su fuerte y hábil cuerpo. Pero él no era el único que vivía en aquel lugar, había numerosas comunidades que compartían el mismo espacio y también eran dignas de conocer. Durante una travesía de tres días hicimos una inmersión en lo más profundo de aquella garganta montañosa  para poder apreciar cada detalle de lo que envuelve la vida de la gente del Cañón. Finalmente, recordamos estos días de dilatados e interminables caminos como un reto alcanzado y satisfactorio en el que nos empapamos de apacibles y serenas energías al tiempo que contemplábamos aquel gigantesco peñasco.



Después de aquellos intensos días el ritmo se apaciguó en la tan esperada ciudad de Cusco. Allí se encontraba el nidal del imperio Inca, el punto neurálgico de su expansión. Por ello, le debíamos destinar el tiempo merecido no solo para conocer la gran capital sino también para contemplar el fabuloso levantamiento arquitectónico que hizo tal cultura; el MachuPichu. Fueron los días en los que abrimos la puerta del tiempo para retroceder en la historia del país y entender el pasado y el presente no solo de Perú, sinó de lo que va de Colombia hasta Argentina. ¿Cómo lo hicieron? ¿Cómo llegaron a ser uno de los Imperios más grandes del mundo? ¿Quiénes eran? ¿Cuáles eran sus costumbres? Todas estas preguntas pudieron ser respondidas de la manera más vivencial durante estos días en el departamento de Cusco, el lugar donde se aglutina la mayor parte de la huella Inca de sur américa. Sin duda, nos sentimos afortunados de haber podido introducirnos en tal cultura de esta manera tan cercana y poder sentir la magia que ocultan las construcciones que aún perduran en el país.



Finalmente, nos acercamos al tan famoso Titicaca, el lago navegable más alto del mundo y del que todo el mundo habla. Pero aquella agua relajada rodeada de grandes picos no fue lo más especial del lugar, sino la gente que vive en él. Durante dos días tuvimos la oportunidad de convivir con una familia autóctona del lugar y conversar durante un largo rato alrededor de sus costumbres. Además, por unas horas pudimos sentir la sensación de ponernos su ropa típica, aquella que siempre contemplamos desde afuera pero que esta vez pudimos sentir sobre nuestra piel. Cabe rememorar lo que produce en uno mismo el hecho de que te ofrezcan su ropa y puedas acompañarlos en su día a día con ella. Por nuestra experiencia, un sentimiento de integración y hospitalidad que se expresa en un estado muy puro, humano, sin prejuicios y diferencias, cómo unos más. Y todo ello en un ambiente de tranquilidad en donde el silencio se apoderaba de cualquier ruido y dejaba paso a la oportunidad de escuchar la calma. En su conjunto, vivimos los últimos días en Perú de manera muy vivencial. Pudimos compartir el día a día con una pequeña parte de esta riqueza cultural que este país te brinda y que lo hace muy especial.

Así pues, llegamos en el punto y final de estos 52 dias en Perú. Hemos tenido la sensación que han cundido, de que no hemos desperdiciado el tiempo. De un lado para otro hemos recorrido lo suficiente para hacernos una idea del país, aunque también somo conscientes de que, en un país tan grande, muchos son los lugares que dejamos atrás y muchas las vivencias que nos permitirían hacer un juicio objetivo del territorio.

Por otro lado, han sido muchas las personas que nos hemos cruzado y hemos compartido buenos momentos. Y también, varios han sido los mercados que hemos visitado y que nos han mostrado estos ricos productos de los que dispone el territorio gracias a las manos trabajadoras que hay detrás. Gente con una gran dediación en el campo, trabajadora, humilde, tradicional, agradable y hábil con las artesanías.

Nos despedimos de Perú con una buena imagen, con la idea de un país con enorme e incalculable riqueza natural a cuidar y defender de los propios ciudadanos y los de afuera. También con una gran riqueza cultural, una ciudadanía defensora de sus tradiciones y costumbres. Y finalmente, con una rica gastronomía de la que hemos gozado como nunca en el viaje. Por todo ello, miramos atrás esos colores rojos y blancos y contentos por la experiencia vivida en el país que los representa; Perú.




lunes, 6 de agosto de 2018

TITICACA: Un lago lleno de cultura




Titicaca significa "puma gris" y es el nombre que los incas dieron a éste enorme lago por su forma parecida al animal referente de los Incas. De hecho, el mismo lago también tiene su propia leyenda Inca:

Se dice que cerca del siglo XII emergieron de las aguas del Titicaca, Manco Cápac y su hermana y esposa Mama Ocllo, ambos semidioses e hijos del Dios Inti (el Dios Sol). Su misión era fundar un nuevo reino para que mejoraran las condiciones de los pueblos, caminando hasta encontrar un lugar donde se Hundiera el cetro de Oro. Ese lugar fue Cuso.

A pesar de que las leyendas pueden tener alguna parte de verdad, no dejan de ser historias que dan magia a los lugares o personajes. En éste caso, el Lago Titicaca, tiene una magia especial de por si. Es el lago navegable más alto (3812 m.) del mundo que cuenta con una extensión de 8372 km2 y que además comparte sus aguas entre el territorio de Perú y Bolivia. Además, en él pueden convivir diferentes culturas muy distintas entre ellas que todavía a día de hoy preservan una identidad muy fuerte.

Por ello, no queríamos perdernos la oportunidad de conocer el Titicaca desde distintas perspectivas.


Puno
En el cerrito de Huajsapata de la ciudad de Puno ya pudimos contemplar su magnitud, aunque escondida entre las hojas de totora que confundían acerca de la nitidez de su horizonte. Nuestra idea era poder recorrer un poco por ese enorme lago y conocer las diferentes culturas que emergen en las más de 40 islas que tiene.

Empezamos por las islas de Uros, situadas a pocos kilometros de la bahía de Puno, aunque no por eso menos peculiares, mas bien al contrario. Se trata de 120 islas artificiales, es decir, creadas por el hombre, mediante la totora, un recurso natural que abunda particularmente en esa zona del lago. Sorprendentemente, hace ya 400 años que inventaron la manera de crear islas suficientemente fuertes para poder ser habitadas por entre cuatro y ocho familias cada una.



Para construir cada una de esas islas hay que conseguir 30 bloques de raíces de esta planta de un metro de profundidad cada uno, y luego mediante estacas de eucalipto y cuerdas de nylon unirlos entre sí para conformar una base firme. También hay que contar con 8 estacas más para usarlas cómo ancla ya que al ser flotantes, las islas se desplazarían al no ser fijadas.




Encima de tales bloques se coloca la paja de la misma planta de forma transversal, apilándola hasta conseguir 1m más de profundidad. Ésta paja es la capa más superior, por donde caminan sus habitantes, pero requiere un mantenimiento para evitar que se seque. Por ello cada dos semanas deben aplicar una capa nueva. Se precisa un metro adicional debajo de las casas para que les de un poco de altura y queden bien protegidas de la humedad.



En cuanto a las casas hay que decir que son muy acogedoras. Se sitúan alrededor del borde de la isla y consisten en una habitación con una cama grande donde duerme la pareja y l@s hij@s menores. Cuando l@s hij@s crecen y se casan ya podrán construir su propia casa y en el caso de que la isla esté llena, se podría construir una de nueva.

El material con el que se construyen las casas son de la misma totora y un poco de madera. Tardan dos semanas en construirla, exceptuando el techo que necesita de más cuidado y una pequeña superficie de plástico para impermeabilizar la sala. De todos modos, el viento y la lluvia hacen que cada seis meses tengan que cambiarlo. Afortunadamente, la luz solar constante que recibe el lago les permite contar con electricidad pues disponen de una placa solar por vivienda.






Los habitantes de Uros principalmente viven de la pesca y la caza de aves, aunque también tienen una pequeña fuente de ingresos con las visitas del turismo y la venta de artesanías que les permite poder ir al mercado de los Sábados de Puno a comprar algunas verduras. Cocinan colectivamente en el centro de la isla, siempre poniendo una roca de base para aislar el fuego.

Aunque parecen muy bien equipadas, no siempre pueden encontrarlo todo en su misma isla. Pase hacer sus necesidades deben remar cinco minutos hacia la isla firme donde se encuentra la comuna con sistema de aguas sucias. Una forma de no contaminar el lago y de poder beber su agua simplemente hirviéndola. También entre las 120 islas se encuentra una escuela primaria y un centro de salud flotantes.

Conocer las Islas de Uros fue algo bastante impresionante y diferente a lo que habíamos conocido hasta entonces, pero sobretodo imaginando el día a día de la gente de allí, tan distinto al nuestro... Ellos rodeados de agua, conviviendo entre familia tranquilamente y con preocupaciones a corto plazo como conseguir la comida del día o tener artesanías preparadas para vender. Nosotros en tierra firme y al alcance de todas las comodidades, pero también víctimas de un sistema de consumo y esclavos de un tiempo que apenas disfrutamos.


Amantani


De allí seguimos lago adentro, esta vez hasta el interior del lago, para conocer otra de las culturas que existen en el Titicaca. Amantaní es una isla de "tierra firme", de echo es un volcán inactivo donde viven hasta 4000 habitantes repartidos en diez comunidades distintas, cada una con un color de pollera distinta.




En ésta isla de 8 km2 pudimos quedarnos dos días y dos noches en la casa de Irma y Silvestre para conocer acerca de su forma de vida, no tan distinta como en Uros, pero sí más distante a la costa de Puno por lo que la auto subsistencia es un reto evidente.





A pesar de vivir rodeados de agua, el abastecimiento de peces es escaso por lo que asombrosamente no es el pescado su fuente de alimentación. El problema recae sobre el hecho de haber introducido la trucha y el pejirey, que son carnívoros, y han reducido las presas más pequeñas. Además, a pesar de introducir nuevas huevadas, el frío de éstas épocas tampoco ayuda a recuperar los niveles anteriores. Así que, su fuente de alimento es aquel que sobrevive a 4000 m, como las papas, las ocas, quinoa y trigo. Y algún cordero para ocasiones especiales, ya que mayormente los usan para que abonen la tierra. También, el hecho de recibir turistas en las casas de forma rotatoria les permite tener unos ingresos extras para complementar su alimentación comprando una vez a la semana en la capital. 




En Amantaní pudimos conversar con la familia y hasta participar en la festividad bailando con música en vivo. Una fiesta muy preparada para recibir el turismo pero que no pierde la esencia de convivir entre culturas, bailando en círculo y agarrados de la mano. También el hecho de quedarnos un día más nos permitió pasear por las laderas de la isla observando las terrazas preincas, acompañar a Irma a pastar las Ovejas o ayudar a la familia a cargar las papas hasta las zonas altas para aprovechar las heladas y convertirlas en chuño. Después estaba la parte más mágica, que era subir a lo más alto para visitar sus dos templos en honor a la Pachamama, y esperar sentados en una roca para ver al sol caer y difundir su luz anaranjada por ese inmenso y espectacular lago lleno de islas y nevados. Y antes de acostarnos bajo un buen número de mantas de alpaca, contemplar la luz de una gran luna llena que competía el protagonismo de la noche con un cielo bien estrellado y difuminando la brillante sombra del aura Boreal.
















Antes de regresar a Puno tuvimos la oportunidad de parar en Taquile, la isla vecina de Amantaní, para ver otro contraste cultural del Lago. Con 5,5 km de largo por 1,5 km de ancho, ésta isla cuenta con 2000 habitantes repartidos en seis comunidades. Una isla más pequeña que la anterior pero con un ambiente muy animado, sobretodo por haber coincidido con el baile de sicuris en honor a la festividad de Santiago. Gracias a tal evento pudimos disfrutar del baile típico así como ver y distinguir los distintos tipos de vestimenta y complementos, muy variables en función de la edad y sobretodo del estado civil.



En cuanto a la alimentación hay que decir que es muy parecida a Amantaní, así como las condiciones de vida. Por ejemplo en cuanto a la educación tienen oportunidad para terminar la secundaria en la misma isla y en cuanto a gestión de residuos, hay un varias embarcaciones que pasan cada dos meses a recogerlos y llevarlos a Puno. Ésta isla llena de arcos adornados con la flor Cantuta para separar las comunidades y favorecer su armonía, nos permitió ver otra de las muchas culturas que coexisten en éste lago, pero manteniendo la identidad de cada una de ellas.



Después de éstos días conociendo el Titicaca desde el Lago Peruano, queríamos ver como se exponía a otro extremo y cómo cuanto cambiaban las culturas en la parte Boliviana, así que, dicho lago fue la despedida de Perú y también la bienvenida a Bolivia.


Isla del Sol


La isla del Sol nos ofreció las vistas opuestas del lago, pero no menos bellas. De hecho teníamos mucho más cerca los nevados y eso daba un contraste atípico y maravilloso entre la tierra árida de colores cálidos de la isla, el majestuoso lago  de color azul marino que se extendía a su alrededor, y al fondo los enormes nevados brillantes bajo un cielo azul celeste. En la isla del Sol no rompimos nuestra rutina de coronar el cierro más alto para ver las mejores vistas y aventurarnos para conocer los distintos rincones y comunidades (a pesar de que no pudimos conocer la parte norte por conflictos internos). 


Y es cierto que la naturaleza, protagonista de éste paraje, presentaba un hermoso cuadro, pero también los habitantes sembraron gran parte de talento para configurar la magia completa del lugar. Por un lado, disfrutamos observando las casitas de adobe de las pequeñas comunidades y soñando en que algún día viviríamos en un lugar parecido. Por otro, los más pequeños de las escuelitas nos deleitaron con una exhibición de bailes tradicionales honrando el gran día de la Pachamama mientras los adultos participaban del desfile mostrando sus trajes de gala. 



sábado, 4 de agosto de 2018

VINICUDA: Montaña de 7 colores


En la cordillera de los Andes, a los 5200 metros, se ubica Vinicunca o también conocida como Montaña de los siete colores. Dicho nombre tiene su origen en la composición mineralógica que tiene. El color rosado es por la arcilla roja; el blanquecino, por la arenisca cuarzosa y margas, ricos en carbonato de calcio; el rojo por el compuesto por las arcilitas (hierro); el verde se debe al compuesto de filitas y arcillas ricas en ferro magnesiano; el pardo terroso es producto de fanglomerado compuesto por roca con magnesio perteneciente a la era cuaternaria; y el color amarillo mostaza por las areniscas calcáreas ricas en minerales sulfurados.


La exposición de este conjunto de minerales le da a la montaña Vinicuda una peculiaridad única, un motivo para contemplarla y tratarla de manera singular. Conscientes de la riqueza que muestra, pero que a la vez esconde, los nativos de la zona han defendido con rudeza las presiones gubernamentales para explotarla y sacarle todo este tesoro interior. La presencia de ellos en todo el recorrido nos hizo ver la importancia de que permanezcan allí, protegiéndola de la explotación minera a la vez que la cuidan del turismo.



De ellos viven e ingresan una buena parte de su subsistencia, aunque la otra gran fuente tiene su origen en el ganado de alpacas y llamas que se pueden contemplar durante los primeros pasos de la travesía. Este animal autóctono de los Andes ya era utilizado por los incas, y actualmente continua acompañando la vida de sus descendientes.



Esta ruta antes de emprender el viaje hacia Puno, nos permitió conocer una de las montañas más peculiares nunca vistas junto a sus habitantes con vestimentas tradicionales y costumbres autóctonas. Sin duda, fue una bonita manera de despedirnos del departamento de Cusco.