sábado, 14 de julio de 2018

HUARAZ: Parque Nacional Huascarán


El Parque Nacional Huascarán, considerado patrimonio mundial, es un paraíso natural expresado en largas travesías que pasan por preciosos valles y grandes montañas pintadas de blanco con mágicos lagos de distintas tonalidades. Esa maravilla que rodea a la gente Quechua, es la llamada Cordillera Blanca. Un conjunto de altas montañas con un blanco perenne en sus picos que siempre rozan o superan los 6000 y que te produce una sensación de inferioridad y respeto al observarlas desde abajo.

Durante siete días nos propusimos conocer el máximo de rincones posibles. De todos ellos, solo nos dejamos dos para recuperar fuerzas y aprovechar para conocer la ciudad de Huaraz, punto central de donde parten la mayoría de caminatas. Éramos conscientes que dentro de ese inmenso mapa de rutas llegaríamos a pisar una ínfima parte de su grandeza, aunque nos conformábamos en hacernos una idea y llegar a sentir ese placer de caminar y caminar hasta llegar a encontrar el tesoro que escondían estas grandes montañas.


El primer día fue un tanto frustrante, ya que no llegamos al objetivo; la laguna Rajucolta. El mal de altura, que se expresó en dolor de cabeza y estómago, junto con el hecho de que la "combi" nos dejó demasiado lejos del inicio de la ruta, nos obligó a retirarnos antes de llegar a la laguna. A pesar de ello, el trayecto hacia allí fue muy especial. Caminamos por las distintas comunidades de la zona mientras contemplábamos los valles que formaban las grandes montañas. De esa manera, en nuestra primera ruta, conocimos de cerca una pequeña parte de los habitantes de la cordillera y sus hábitos de vida.


La mayoría de las personas que vimos fueron mujeres, todas ellas con sus vestidos tradicionales de jerséis de punto y faldas abombadas* complementados con sombreros de copa alta, trabajaban  diariamente en los grandes campos de trigo, principal fuente de su alimentación. A medida que íbamos avanzando también pudimos compartir el trayecto con alguna de ellas mientras le dedicaban su tiempo al ganado, la otra fuente de subsistencia. Así pues, cabe dibujar el maravilloso cuadro que pudimos sentir a lo largo del camino mientras íbamos andando con aquellas bellas mujeres, los campos de trigo anaranjado y su especial sonido cuando las espigas chocan entre si, el silencioso ganado a nuestro alrededor y finalmente aquellos valles fantásticos de tamaño immesurable. En su conjunto, formaron una imagen espléndida que nos invitaba a continuar dibujando. Pero para ello, debíamos de aclimatarnos un poco más para poder llegar a descubrir otra laguna y los detalles que escondía a su alrededor.




La elegida fue la laguna Churup. Ubicada a 4.450 metros, debajo del pico Churup (5.495 m), nos mostró el reflejo de su alrededor gracias a sus aguas limpias y de un entramado de azules que iba cambiando desde la orilla hasta su centro. El recorrido fue muy distinto del anterior, ya que desde él pudimos contemplar a la hermana de la Cordillera Blanca, la llamada Cordillera Negra, tan solo a 50 quilómetros de distancia. Además, cambiamos la gente autóctona por los europeos y norte americanos, hecho que se produce cuando visitas una de las más famosas lagunas del lugar. Pero al llegar a verla, entendimos el porqué, así que no había duda que aquella maravilla era digna de contemplar. Lo pudimos hacer durante una hora, un tiempo insuficiente para captar cada pequeño detalle y sensación que aquel lugar nos podía brindar. Pero nos sentimos afortunados de haber podido estar en aquel paraíso y saber que aquel era el primero de los tres que nos esperaban por delante.




Uruscocha fue la siguiente. Un trayecto de cuatro horas de ida que nos permitió ver otra cara de la Cordillera. Desde el inicio pudimos ver por primera vez la cima más alta, la imponente Huascarán Sur (6,768 m) y sus vecinos Hualcán (6,122 m) y Copa (6,188 m). Más adelante, después de superar varios cerros, se nos apareció reflejado en un pequeño lago el bello tridente de picos Vallunareju (5,686 m), Janyaraju y Oeshapalca (5,888 m). Lo especial de esta ruta fue que cada pocos metros podíamos ir saboreando solitariamente un rico sorbete de natura a base de grandes montañas y valles que nos acompañaba dulcemente a nuestra meta. Así pues, después de perder de vista estas imágenes nos adentramos en la falda boscosa de Urus (5,495 m). A su final encontramos la laguna Yanacocha y un poco más adelante, la tan esperada laguna Uruscocha. Dos grandes y aisladas lagunas de un azul turquesa que reflejaban a sus madres protectoras mientras te enseñaban a su bonita flora.

Sin duda, estar allí solos, contemplando esta maravilla mientras nos comíamos nuestros bocadillos de "palta" (aguacate), escuchando el sonido de los pájaros y el silencio intermitente de la montaña fue un regalo de aquellos que perduraran en nuestra memoria.























































































Finalmente, nos aventuramos a conocer la última marcada, la laguna 69. Dejando un día de descanso después de las últimas 7 horas de travesía, emprendimos con ganas y grandes expectativas esta última ruta. Para ello, tuvimos que hacer noche en Yungay, un pequeño pueblo que nos acercaba un poco más al camino.

A las 7 de la mañana partimos rumbo a la falda del Chacraraju (6,108 m). Un camino emmarcado por el Yanapacca, el Chopicalqui y el gran Huascarán, que continuamente te iban recordando quien mandaba allí. En medio de esta caldera de montañas nos encontrábamos nosotros, contemplándolas a medida que avanzábamos rodeados de bonitos prados, rios, cascadas y pequeñas lagunas. El camino no fue duro, excepto el último tramo hasta los 4,604 metros, donde se encontraba la laguna 69. A diferencia del resto, dicha laguna se encontraba rodeada de piedra gris y sin apenas vegetación. Un contexto aparentemente triste pero que hacía resaltar aún más el turquesa del agua y el blanco de la cima que había detrás de ella. De aquí la peculiaridad de dicha laguna, la posibilidad de extraer de aquel lugar el reflejo entre dos caras opuestas; la vitalidad y la depresión, la vida y la muerte, lo gris y lo colorido, lo seco y lo húmedo.





















Después de empaparnos al máximo de sus sensaciones y sentirnos satisfechos, decidimos emprender las tres horas de vuelta. Un camino en el que valoramos con nostalgia y ternura lo vivido durante esta semana intensa de caminatas y bellas lagunas. Recordamos esas maravillas que la madre tierra nos brinda, esos espejos de agua de los que no ves su origen, solo escuchas el misterioso sonido de su fuente que te invita a preguntarte de dónde vendrá, las grandes montañas con una fuerza tremenda que te cala bajo la piel y los inmensos valles que forman esas maestras de la natura.

Y nosotros allí...caminando y caminando, paso a paso oliendo, saboreando y observando la ricura de nuestra tierra...su mejor receta...que más podíamos pedir...



miércoles, 4 de julio de 2018

PUERTO CHICAMA: la ola más larga del mundo


Recorriendo la costa del Pacífico nos hemos ido topando con puntos de encuentro de surferos por las apetecibles olas que presenta éste Océano que nos acompaña ya desde México. Y en todos los lugares dónde había buenas olas, también había deseosos surfers que no querían dejarlas escapar.

Lo cierto es que en todos estos lugares, a menudo nos quedábamos hipnotizados viendo como disfrutaban surcando por esas revoltosas olas que desde lejos ya presentaban un cierto respeto. Sentíamos mucha admiración y nos conformábamos en disfrutar del espectáculo desde la playa, pero había también un gusanito de envidia que no dejaba escapar la idea de nuestra cabeza. No queríamos terminar el viaje sin dedicar algunos días a desafiar éste deporte acuático.

Con éste objetivo vinimos a parar a Puerto Malabrigo, o más bien conocido como puerto Chicama, lugar dónde se encuentra "la ola más larga del mundo". Y no es un decir, porque si a agarras con tiempo y el equilibrio no te desafía, puedes surfear hasta 2km! Pero nosotros con levantarnos ya nos conformábamos.


Así, llegamos a éste desértico pueblo de la costa peruana para dedicarnos cuatro días a aprender un poquito acerca de éste deporte extremo que tan buena honda trae a todo el mundo.

Todo empezó una mañana dónde Fran nos brindó su tiempo y saber para dotarnos de una base teórica que a su vez acompañamos con la práctica. Las olas se portaron bien y la corriente estaba tranquila, y a pesar de que el agua estaba para conservarse eternamente, las primeras remadas de brazos rápido nos calentaron.


Realmente es un deporte bastante duro (de aquí que salgan esos cuerpazos) pero cuando agarras la ola y eres capaz de levantarte a tiempo y colocarte correctamente para que te empuje con su fuerza, todo el cansancio anterior vale la pena. La adrenalina de la velocidad, deslizarse por el mar de pié, acariciando el agua con la tabla mientras la el aire lo hace en tu cara. Sentirte libre, como una patinadora bailando sobre el hielo o como una esquiadora el primer día de la temporada.

La sensación es realmente mágica y cada vez que agarras una ola te da nuevas fuerzas para regresar e ir a por la siguiente. Y así pasamos los dos primeros días, con Fran por la mañana, descansando una horita para comer en la misma playa, y regresando al agua de nuevo en la tarde para seguir batallando más y más. Tal vez éramos los más novatos de todo Chicama pero teniendo en cuenta que nuestra experiencia surfeando fue hacía cuatro años, y por cuatro días, no estaba nada mal. ¡De hecho, estábamos muy contentos y hasta nos felicitaron!


Pero cuando todo se ve tan bonito por algún lado tiene que reventar... Y nunca mejor dicho. El tercer día empezó diferente: a parte de que el cansancio ya empezaba a notarse en el cuerpo, nos tocó cambiar el equipo por uno un poco más técnico, las olas venían crecidas y con una molesta corriente poco visible desde la playa.

Por ese motivo decidimos cambiar la zona para surfear, evitando ir hasta dónde íbamos siempre (más lejos y con zonas rocosas) para quedarnos más cerca ya que parecía que las olas estaban más suaves y facilonas.

-Ens quedem per aquí millor? Semblen més tranquiles i així no hem d'anar fins allà...!

-Vols dir que no es millor anar on va tothom?

-Allà hi ha roques... I aquí sembla  més fàcil entrar...

Pero lo que quería ser una decisión de prudencia terminó siendo todo lo contrario. Nos metimos en el agua y antes de que nos diéramos cuenta la corriente nos había arrastrado muchísimo, en ese momento decidimos salir pero ya nos vimos envueltos de peñas y poco quedaba ya en nuestras manos. Las tablas y el neopreno nos salvaron de una buena triturada en las rocas, pero la salvación no nos resultó gratis. Salimos del agua con tres de las seis quillas (alitas) que deberían tener las tablas. ¡menudos pringaos! Ni una triste ola habíamos agarrado que ya estábamos fuera, todavía a primera hora de la mañana y con las tablas rotas. Y esa fue nuestra despedida del surf, con esas mismas caras de idiotas nos quedamos al ver que el dinero para surfear el día siguiente servía para reparar los daños.

Es lo que tiene ir con el dinero contado en un pueblo sin cajero automático. Pero eso no impidió que siguiéramos disfrutando de Chicama  corriendo por su playa virgen, subiendo al acantilado a observar a los profesionales surfeando de verdad, probando los mejores cebiches y fotografiando sus increíbles puestas de sol.



Hay que ser positivos y quedarse con lo conseguido, satisfechos de esos dos intensos días y esperando la próxima oportunidad para exprimir más éste deporte, aunque de bien seguro que no será en Perú, ni probablemente tampoco en éste viaje por Latinoamérica. Por ahora nos despedimos del Pacífico hasta por lo menos de aquí un buen tiempo.

lunes, 2 de julio de 2018

PIURA: La entrada a Perú



Habitualmente nuestras paradas en el viaje son muy inciertas, pero en Piura, nuestra primera ciudad peruana, hicimos una de las pocas que teníamos en mente ya desde algunos meses antes de salir.

Cuando tomamos la decisión del viaje mucha de nuestra gente cercana se nos presentó con listas de contactos que podrían recibirnos o con la típica consigna del "por si acaso o por si necesitáis algo" (que siempre es de agradecer). De hecho, muchas veces, el trazo de nuestra ruta ha ido marcada precisamente por estos contactos que rápidamente también se han convertido en personas muy cercanas.

A ésta lista también se le sumaban propuestas de proyectos y voluntariados, y a pesar de que en general hemos querido centrar nuestras estadías de intercambio en aprender cosas sobre temas que desconocíamos completamente como la agricultura, ganadería, bio-construcción, y hasta a hacer marranitos de arcilla, también queríamos conocer de que forma se construye la realidad socioeducativa en otros países en cuanto a los centros residenciales como en los que trabajábamos en Catalunya, Ovidi con gente mayor y Marta con Jóvenes.

Educación Social: infancia y adolescencia

Por ese motivo fuimos a caer al Hogar S.R. de Piura. Un lugar gestionado por las hermanas Franciscanas para dar acogida a niños (hasta 5 años) y niñas (hasta 18). El hogar atiende a est@s menores de edad bien por sentencia judicial o bien por brindar una oportunidad a chicas que quieren estudiar, pero que viven en zonas rurales muy alejadas y de recursos económicos realmente básicos.

La propuesta era muy tentadora, sabiendo que de bien seguro aprenderíamos mucho acerca de las distintas formas de trabajar con un colectivo potencialmente parecido, aunque dentro de un contexto absolutamente distinto. Y acudimos allí verdaderamente con mucha humildad, ofreciendo nuestro tiempo para colaborar en todo aquello en que la misma institución creyera necesario, y tratando de evitar la comparativa constante y la tentativa de anteponer nuestro sistema por delante.

Además, había otro elemento importante que tener en cuenta y que era el "ABC" del "que hacer" en aquel lugar: la religión. También sería un interesante reto para nosotros estar viviendo en lo que podría llamarse lo mas cercano a la "casa de Dios". A pesar de nuestras diferencias ideológicas, teníamos claro que el Respeto era lo primero, y que deberíamos hacer un esfuerzo para que nuestro ateísmo no les pareciera un rechazo, así que trataríamos de pasar lo más desapercibidos en los momentos de oraciones.

Después de conocer a las chicas y a los distintos profesionales del hogar y de la escuela, empezamos a ver distintas brechas por donde podría ser interesante actuar. Una vez más, queríamos que nuestra aportación allí no se fuera con nosotros, sino que la idea era trabajar con la base que ya había en el hogar, para asegurar que nuestro impulso tuviera una continuidad y por tanto un sentido. Por ese motivo Planteamos nuestra intervención a distintos niveles:

Por un lado queríamos empoderar a la figura de la bibliotecaria que disponía de tiempo y muy buen material, para dar soporte a las chicas en refuerzo escolar, tal y cómo ya hacía, pero de una forma un poco más estructurada. De este modo, creamos (conjuntamente) el grupo de la mañana con aquellas chicas que manifiestan necesidades especiales y que no acuden a la escuela ordinaria, dedicando las mañanas a tareas del hogar. El grupo de mediodía para los mas pequeños del hogar (2-5 años) que salen a las 12h y deben esperar a las 14h a que salgan las grandes, y finalmente el grupo de la tarde para las niñas de 10 a 13 años.


También las psicólogas nos pidieron una mano en cuanto a iniciativas o ideas para talleres y dinámicas que pudieran realizar con las chicas para trabajar temas específicos, y fue un gusto poderles compartir nuestra pequeña "carpetita de recursos". De hecho, fue una escusa genial para dejar lo que estábamos haciendo, salir de forma improvisada al patio y ponernos a jugar todas juntas.


Por otro lado veíamos los horarios de las chicas bien saturados de tareas y oficios pero poco espacio para el ocio. Y después de saber su gran devoción para el volley decidimos crear un campeonato para que se desarrollara durante los fines de semana. La idea era dejarles los equipos hechos y la estructura marcada para que ellas mismas pudieran autogestionarse sabiendo quién jugaría, quién arbitraría y cómo apuntar los puntos. Así les quedaban tres meses de partidos de volley por delante y luego podían convertirse en tres más de fútbol, tres más de baloncesto...


También nos ayudó a salir un poco de la rutina el hecho de que Perú pudiera participar en el mundial de fútbol después de 36 años. Las chicas estaban realmente motivadas así que decidimos montar el partido a lo grande para verlo juntas, también con las alumnas y profesores de la escuela. Los resultados no fueron los esperados pero el entusiasmo siguió alto en todo momento.



Y todo eso estaba muy bien, cubriendo un poco la parte formativa, de ocio y una ayudita en los talleres. Era obvio que en dos semanas no podíamos desarrollar ningún proyecto con grandes objetivos, ni tratar de cambiar una estructura enorme a nuestro modo (ni era la idea), pero tampoco podíamos quedarnos de brazos cruzados viendo cosas que, aún tratando de aceptar esos "otros modos", se escapaban de nuestro entender.

Lo cierto es que preferimos no entrar en detalles, al fin y al cabo se trata de narrar nuestras experiencias y no de criticar las casas de otros, pero simplemente queremos decir que sentimos realmente admiración al ver como de autónomas podían llegar a ser esas chicas adolescentes sin apenas un seguimiento educativo. Cómo el ser humano es capaz de desarrollar estrategias de superación constantes y asumir nuevos retos para superarlos de nuevo. Y tal vez en parte, esa resiliencia es posible, porque no se plantean dónde está su límite y simplemente siguen adelante. A veces las cosas se hacen posibles porque uno no sabe que son imposibles.

Pero a pesar de su madurez y su optimismo para afrontar los retos, no dejan de ser chicas que necesitan un referente adulto, un modelo positivo al que seguir y al que preguntar y apoyarse para descansar. Por ese motivo decidimos pasar cada día por una "familia" distinta a hacer las comidas, de ese modo podríamos conocerlas mejor y acompañarlas un poco en la gestión de las comidas, el orden de la casa, la ropa, el aseo y en el momento de acostarse, sobretodo echándoles una mano con los mas pequeños. Y no nos engañemos, también para divertirnos!



Por último y ya viendo cerca nuestra marcha, vimos que el hogar tenía una infraestructura excelente, que las chicas eran muy autónomas y responsables (solo necesitaban un poco de acompañamiento), y que además se contaba con un importante grupo de profesionales pero que no estaba demasiado cohesionado ni definido. Había carencias evidentes, y las chicas tenían muchas demandas que exponer pero que quedaban como papel mojado antes de ser leído.

Nuestra última aportación en el allí debía conectar todas éstas preguntas y respuestas, así que vimos clara la necesidad de Comunicación entre los distintos agentes del hogar. Propusimos una reunión entre auxiliares (niñas representantes de cada familia) y hermanas. Después de dos intensas horas de mediación, terminamos con algunos acuerdos importantes por ambas partes y se vio clara la necesidad de comunicarse más a menudo, de modo que se estipularon reuniones quincenales para poder abordar los distintos temas de interés. Las chicas salieron contentas de haber expresado por primera vez lo que pensaban y las hermanas parecían haber tomado consciencia y con intenciones de cambio.

Debemos confesar que en el inicio de nuestra estancia en el hogar llegamos a dudar de que nuestra figura (como educadores) fuera realmente necesaria profesionalmente al ver que cincuenta menores de edad funcionaban de una forma tan autogestionada. Pero no nos engañemos, la parte asistencial no es suficiente si nos olvidamos de lo más importante: acompañar en los procesos educativos. Porque al final sólo se trata de dejar caminar, pero para ello alguien debe alumbrar el camino.

Nos fuimos del Hogar bastante satisfechos pero a la espera de conocer el impacto de esa reunión después de nuestra partida. Fueron dos semanas de aprendizaje en todos los sentidos y sobretodo de muchos momentos llenos de emotividad con las chicas y también con Romina y Dánica, dos pilares muy importantes en el Hogar.


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Educación Social: tercera edad

Por otro lado, teníamos la oportunidad de conocer la realidad de uno de los colectivos que en nuestro país se enmarca dentro de la mayoría, la gente mayor. Por simples prejuicios, antes de dirigirnos al hogar, nos imaginábamos encontrar un lugar donde la tristeza y la dejadez predominase. Pero no fue así, al contrario, acabamos adquiriendo un claro ejemplo de cómo hacer bien las cosas, de cómo tratar a las personas mayores. Como personas con dignidad, respeto e ilusión por vivir.


A veces pensamos que nuestro sistema es el mejor, que nuestras infraestructuras no pueden compararse con las de otros países, pero...de que sirve tener todo este conjunto si al final lo que más importa es como se trate a la persona. Y no criticamos la manera en como l@s gerocultoras/es tratan a l@s abuel@s, sino más bien la perspectiva social y del sistema que les impone una manera de actuar.

Tuvimos la suerte de conocer a la hermana (Yirma) que dirigía el hogar, y mejor aún, tuvimos la suerte de que disponía de una larga trayectoria en hogares similares en Barcelona. Por lo tanto, pudimos adentrarnos en la comparativa de los distintos sistemas. Al poco rato de acompañarla a lo largo de los pabellones pudimos observar un ambiente tranquilo, limpio, luminoso, sin ruido, rodeado de verde. En resumen, un contexto idóneo para dar vida a los años. La hermana nos ofreció la posibilidad de ayudarles a la hora de repartir las comidas, y aceptamos sin dudarlo. Así, tuvimos la posibilidad de conocer de primera mano como vivían en aquel lugar, un espacio que para muchos de nuestr@s abuel@s es un puro infierno.


Nos fue grato escuchar los mensajes positivos alrededor de su vida allí. Se sentían bien cuidados, a gusto en el lugar donde pasarían sus últimos días, conformes con aquella vida tranquila en la que aun perduraban las ilusiones, algo imprescindible para la vida.



Con pocos recursos, ya que el gobierno no ayuda en nada, el hogar era capaz de organizarse para realizar una tarea asistencial de calidad. Y uno de los trucos para ello era gratuito, algo que en nuestro sistema no se considera de máxima importancia y es un pilar fundamental a la hora de respetar la integridad de la persona. Estamos hablando del tiempo, aquel factor que en nuestro dichoso sistema condiciona el cómo tratamos a las personas. Exigimos a l@s cuidadores/as, un tiempo muy escaso para asear y dar de comer a las personas mayores, algo que les estresa y les hace sentir como objetos. Al contrario de lo que ocurre en el hogar, allí se adaptan a las capacidades de la persona, si la persona necesita más tiempo se le otorga, se respeta, dentro de los límites claro está. Y podemos pensar que eso lo consiguen porque tienen mucho personal, pero no es el caso, ya que son 9 hermanas y 7 jóvenes para 80 abuel@s. Todas ellas sin sueldo, viviendo de la solidaridad de la gente, realizando absolutamente todas la tareas de limpieza, dan un amor incondicional a esta gente.

Pero el tiempo no era el único factor de calidad que nos diferenciaba, sino que la medicalización también lo era. Nos sentimos orgullosos del sistema sanitario relacionado con los medicamentos. Disponemos de ellos cuando queremos y de un gran abanico. Y en el mundo de la geriatría, los medicamentos son los protagonistas. En nuestras residencias les damos mil y un remedios artificiales para tratar síntomas de la edad con el objetivo de alargar la vida hasta llegar a lo anti natural. Quizás la persona ya quisiera irse, abandonar en paz nuestro mundo, pero nuestro tabú sobre la muerte nos hace sentir obligados a forzar la lucha de su cuerpo contra la muerte. Este hecho genera un dolor y una agonía inmensa en la persona. Pero nosotros incluso viéndolo, continuamos alargando el sufrimiento. Y esto se siente y se percibe en nuestros hogares.

Por "suerte", en el hogar de Piura no disponen de esta pluralidad de medicamentos, hecho que se expresa en utilizar más remedios naturales y aceptar la rendición del cuerpo de la persona sobre la muerte a más temprana edad. Por este motivo, en este lugar no vimos un gran numero de personas con una edad avanzada, pero tampoco vimos este gran numero de personas que nos acecha con una situación de deterioro cognitivo elevado, con cuerpos muy castigados y sobretodo, personas con ganas de morirse.

La experiencia en el asilo nos ha servido para conocer otra manera de enfocar la vejez en un hogar. Nostros dispondremos de más remedios para sanar el cuerpo, pero no existe ninguno para sanar las emociones. La única cura para tratarlas esta en el respeto integro de la persona que vive sus últimos días. Y respectar los tiempos es un factor de suma importancia que se traduce en emociones sanas, de la misma manera que respetar la voluntad de la persona que no quiere tomarse los medicamentos y prefiere, como decía la hermana, tomarse una tila o una infusión de hierbas. Y es que el factor placebo, a veces, es mucho mas potente que cualquier remedio artificial.

Nos fuimos con buenas sensaciones, con la idea de que con pocos recursos se puede ofrecer una buena vida a la gente mayor. No hace falta tanto, solo un buen enfoque que se traduce en saber escuchar, adaptarte a ellos, conceder algún capricho, ofrecer un contexto luminoso y verde, dar comida con sabor, respetar sus tiempos y las pocas decisiones que pueden tomar, hacer que se diviertan, amarles, darles afectividad. No sirve de nada tener una estructura de actividades de estimulación e integración social excelente si no se tienen en cuenta estos factores paralelos que están directamente vinculados con la vivencia positiva de la persona dentro del hogar. Para la educación social esto no tiene sentido.

Por suerte, en lugares donde el Estado no invierte nada para la gente mayor, la iglesia y la solidaridad de la gente sustituyen la falta de moralidad política. Debemos de valorar la gran voluntad de estas personas que han decidido ayudar a este colectivo que para muchos es una carga, un sin sentido invertir. 

Tanto en Perú, como en Europa, como en cualquier parte del mundo, debemos ser conscientes que con un poco de suerte, todos llegaremos a esta ultima etapa de la vida en la que pondremos punto y final a nuestra historia de vida. Lo más probable es que en esta transición final dependamos de aquellos que en un pasado cuidamos, nuestros hijos por ejemplo o un/a cuidador/a que en su día fue criada/o por un adulto. Así pues, debemos considerar un deber moral como sociedad dar a nuestr@s mayores, por pesado y duro que sea a veces, ese agradecimiento a modo de trato y respeto. Todos, al final, pasaremos por esta etapa. Y de nosotros depende como la queremos definir. Empezamos a tratar con dignidad hoy a nuestr@s abuel@s para que mañana nos traten como tal a nosotros. Empecemos a contemplar esta etapa como una más, incluso dándole más importancia por el mero hecho de que es la ultima, démosle a esta etapa los plenos derechos para poder llegar a brindar un adiós digno.



jueves, 21 de junio de 2018

ADIÓS ECUADOR: el país de la diversidad



Tan maravillado quedó Von Alexander Humboldt de esta tierra latinoamericana, que después de su experiencia concluyó que:

"Los ecuatorianos son seres raros y únicos: duermen tranquilos en medio de crujientes volcanes; viven pobres en medio de incomparables riquezas y se alegran con música triste"

Con las palabras de éste famoso polímata del país queremos empezar el punto y final de esta linda etapa por tierras ecuatorianas y llegar a expresar, en base nuestra vivencia, el sentido de dicha frase.

El tema en cuestión empieza por considerar su larga trayectoria histórica que inicia con las etnias prehispánicas hasta la invasión Inca, continuando por la colonización española y la lucha por la independencia hasta la separación total de la llamada Gran Colombia para crear lo que se conoce actualmente como República del Ecuador.


Lo realmente especial de esta República se expresa a través de la presencia en el territorio de todas estas culturas que durante toda la trayectoria histórica han estado luchando contra la represión para poder mantener su identidad a través de la cultura, la tradición y la lengua.

Por ejemplo, los Shuar, A'I Cofan, Achuar o los Waorani, son las etnias de la amazonía. Los Chiola, Cañari o Saraguro pertenecen a la sierra y los afro ecuatorianos de esmerala o cholo pescador pertenecen a la costa. Todas estas etnias disponen de su propia identidad y mantienen las tradiciones de sus antepasados. Un conocimiento único alrededor de la agricultura, ganadería, medicina y construcción que a pesar de su vida humilde sentimos que disponen de una gran riqueza. No pudimos conocer de primera mano a todas ellas, (ojalá!!!) solo una pequeña parte, pero sí leer mucho sobre cómo viven, las peculiaridades de sus costumbres y su manera de interpretar la vida.


Esta variedad de culturas y fuertes identidades aborígenes, nos han permitido entender que Ecuador es un país rico sobretodo por su heterogeneidad humana. Todo el territorio dispone de fuertes raíces que son de un valor incalculable y por fortuna, son respetadas como tal. Forman parte de  nuestra historia como sociedad, la expresión de nuestra evolución y por ello, haber podido conocer un trocito de este recorrido nos ha permitido amar, respetar y valorar aún más la diversidad.

Otra parte del territorio que ha resaltado a lo largo de nuestro recorrido ha sido la expresión de la naturaleza. Durante todo el viaje nos ha mostrado su cara más bonita. Empezando por la cordillera de los andes con su gran nombrado cinturón de fuego al disponer de volcanes con una energía tremenda, pasando por la amazonia con su abrupta selva húmeda y terminando con la costa del pacífico representada por sus bellas playas enmarcadas entre agua, rocas y arena.


Toda esta gran riqueza natural nos ha abierto sus puertas a través infinidad de rutas por las que hemos puesto a prueba nuestro calzado y también nuestro cuerpo. Durante este tiempo hemos pasado del fuerte frío de los páramos situados entre los 3000 y 4000 metros al calor sofocante de la zona selvática, pasando por el viento fresco y continuo de la zona costera. Constantemente nuestro cuerpo ha habido de adaptarse a la gran diversidad de climas a la vez que experimentaba la sensación de pasear por estos parajes naturales de alto valor ecológico. Un valor que gana fuerza con su cantidad de volcanes repartidos por toda la sierra y que resaltaban a medida que avanzábamos por las distintas carreteras que cruzan el país.


Sin duda, la comida también ha sido algo destacado del país. Y es que, después de mucho esperar, por fin llegaron los ricos ceviches de los que tanto nos habían hablado (de pescado, camarón, calamar...). Un sabroso y sano plato que nos dio la oportunidad de disfrutar de manera distinta el placer de comer. Pero tampoco podemos despreciar los bolones de plátano, chicharrón y queso; las dulces gelatinas que encuentras en todos lados; las sopas de cebada con palomitas; el curioso cuy con habas; el choclo (mazorca de maíz) con queso o la fritada.


Finalmente, no podemos cerrar esta etapa sin mencionar a las personas que nos acompañaron en nuestros pasos por su tierra, haciendo de ella que nuestro recuerdo de Ecuador sea bien especial. Con Ishe compartimos casi una semana de nuestra estadía en Quito y en la que pudimos experimetar la sensación de la alta montaña subiendo el Iliniza Norte. Después conocimos a Roberto y su familia quienes nos mostraron la esencia de estas culturas andinas que han conservado sus tradiciones hasta día de hoy. Gracias a ellos tuvimos la fortuna de dormir una noche con Ricardo, Eugenia y Pepe, una bonita familia con quien conversamos durante horas y horas sobre cualquier tema que nos pasase por la cabeza. De aquí nos fuimos a oriente, en donde Fabian y sus bellos padres nos abrieron el corazón para ofrecernos la mayor hospitalidad. Y finalmente, Don Juan fue la última persona que nos quiso dar lo mejor de si para que acabasemos de sentir esta esencia tan humilde y sana que nos hemos cruzado en Ecuador.

No sabemos si ha sido pura casualidad o causalidad lo que ha hecho poner en este camino a estas bellas personas. Sea lo que sea, podemos decir que hemos sentido un recibimiento muy especial en el que se nos ha tratado como seres queridos. Así que, en ocasiones, cabe decir que hemos sentido no tanto el sentimiento de que son extraños por que son felices con música triste, sino que, son extraños por tener este carácter y/o actitud de querer abrirte las puertas de su casa sin apenas conocerte, quererte brindarte comida sin recibir nada a cambio o subirte en su carro cuando estas en medio de la carretera y te ven "tirado".

Nos despedimos de Ecuador mirándolo con otros ojos. Desconocíamos por completo toda esta diversidad y riqueza. Un país que, como todos, tendrá sus flaquezas socio políticas y económicas. Pero cabe mencionar que, nuestra experiencia en el país nos ha hecho ver un país desarrollado en infraestructura y sociedad. Con gente sana que nos trató como nunca y que vive en un entorno espectacular que aporta gran cantidad de oxigeno en nuestro planeta. Por todo, ya ello miramos atrás a Ecuador como uno de aquellos destinos del que sin duda esperamos volver algún día.