miércoles, 30 de agosto de 2017

LAGOS DE MONTEBELLO




El camino que nos esperaba por delante después de Oaxaca se traducía en quilómetros y quilómetros de bajada, así que paramos a San Cristóbal de nuevo para recoger nuestras maletas de libros, y cargar energías para nuestra última carrera al sur de país, donde haríamos la última parada para despedirnos de México. 

Nuestro próximo destino esperaba ser un lugar de encuentro con la naturaleza y a la vez, un espacio donde poder terminar de preparar las últimas cosas antes de iniciar el proyecto en Guatemala. Tal vez es bueno no poner demasiadas ilusiones cuando te diriges a un nuevo lugar, pues nunca sabes lo que te vas a encontrar por mucho que escuches maravillas de él. Pero una vez más, la vivencia superó la expectativa.


Tziscao es un pequeño pueblo situado muy cerca de la frontera con Guatemala, un parque natural de ensueño representado por la mayor laguna de la zona con una profundidad de hasta 45 metros. Allí nos hospedamos en una cabaña justo delante de la laguna y sorprendentemente vacía de turismo, motivo por el cual la experiencia fue todavía más gratificante por la tranquilidad que pudimos respirar en ella. 

Bañarnos en su agua trasparente y tan calmada que reflejaba todo el paisaje que se asentaba encima de ella; caminar hasta llegar al lago internacional, conocido por su peculiaridad de separar los dos países justo en medio de sus aguas; recorrer los cinco lagos de Montebello, perdiéndonos en los caminos solitarios que se adentran en a selva del lugar, llena de miradores, plantas y aves que nos hacían sentir un poco más animales; sentarnos en una mesa de madera frente al lago mientras pintábamos nuestro cuaderno de mandalas; encontrar ese espacio para leer nuestros libros un tanto olvidados; refugiarnos a escuchar la lluvia en nuestra humilde cabaña de madera; quedarnos hipnotizados con el reflejo del sol en el agua al ponerse detrás de las montañas que rodean Tziscao; o simplemente descansar, conversar y planear nuestros siguientes pasos para aterrizar en lo que ocupaba nuestras mentes hacía ya unos días: Primavera del Ixcán.

Todos éstos momentos han hecho de Tziscao la mejor imagen para despedirnos de éste país que tanto ha deslumbrado nuestra mirada con sus inolvidables paisajes. Un final de encuentro con nuestra parte más espiritual que nos deja un exquisito sabor de boca para cerrar esta bella etapa. 





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